Cuál es la berrera del orgullo, me pregunto. ¿Y peor, de lo que se puede hacer, de lo que uno se puede permitir a sí mismo? Es subjetivo, por decir lo menos, y circunstancial. Si queremos algo, llegar a algo, ¿qué tanto es valor, qué tanto patetismo? Algo me dice que en la búsqueda hay un poco de ambos, y que caer en lo patético es fácil si nos cegamos por el deseo. La línea se me hace borrosa, prefiero no acercarme y mantenerme en terreno seguro, aunque eso nunca lleve a nada, sólo porque mi orgullo es de las pocas cosas que tengo, y porque es sensible y frágil.
Habrá que aceptar que es orgullo lo que se sacrifica al lanzarse en pos de algo, y es lo que más me frena. El miedo a equivocarse, a la vergüenza, al ridículo. Pero qué tan ridículo sea depende de, ¿qué?
Por un lado, yo siempre espero un no por respuesta, me rindo fácil. Otros, en cambio, no aceptan un no, no entienden un no aunque se los digan a la cara. Yo no podría, pero me pregunto qué es eso, ¿terquedad, perseverancia, negación, egolatría, estupidez, optimismo? Lo curioso es que veces les resulta, a veces no, quizás esa sea la única sutil diferencia entre terquedad y perseverancia, entre algo romántico y algo obsesivo: el éxito.
Aunque quizás sea algo más. Quizás dependa en lo que buscamos y con quién.
Aunque quizás sea algo más. Quizás dependa en lo que buscamos y con quién.