Sometimes there's so much beauty in the world I feel like I can't take it... like my heart's going to cave in.

(La mejor frase que alguna vez he escuchado).

American Beauty (1999).
... y los poemas se encendían como girasoles...

martes 10 de noviembre de 2009

Fucked up

Just how fucked up am I? No sé, no mucho, creo. Difícil decirlo. Poco comparada con los típicos casos que se ven en las películas -epítomes de vidas jodidas-, pero aún así. Una vida normal -promedio como la mía puede estar bastante jodida. Yo puedo estarlo. No a niveles de nungún cantante, protagonista de telenovela, película o libro, y es eso mismo lo que me molesta. Lo... común, lo ordinario de mis dramas, que no alcanzarían ni a conmover al más llorón de los públicos.

¿Será mi ego? Siempre he sido narcisista, siempre he sentido que tengo reservado algún destino importante. Que ya llegaría el momento de separarme de la chusma, de lo ordinario, elevarme hacia algo más alto, más grande. Soy sincera por una vez, nunca se lo había dicho a nadie: soy una maldita narcisista. Y bueno, eso me mortifica. Tengo un sistema de valores, de principios que no sé de dónde heredé y que son tercos, increíblemente tercos.

Consecuencia, es uno de ellos.

Quiero ser humilde, quiero ser como la gente que admiro. Eso me detiene, me ata. Mis bajos instintos, mi naturaleza bárbara y mi Super-Yo en eterna pelea. Y aunque casi siempre gana el Super-Yo, ahí sigue el ello. Lo odio, pero no puedo evitar rendirme a él a veces. La disciplina no es mi fuerte.

Pero hoy, más que ocupada en eso, me encuentro en un pozo de desánimo. Bajoneo, decimos por estos lares. Mi tan esperado y tan grande destino se me escapa en el horizonte. ¿Puedo llegar a él? Me faltan tantas cosas... me sobra arrogancia y me falta preparación, tan confiada en que puedo llegar sin problemas que a última hora me doy cuenta de mi estupidez, de que es casi última hora y no estoy lista.

La historia de mi vida, ¿no? Tan inteligente, me decían, y yo confiada a ello, nunca me he esforzado para lograr nada; ahora me hace falta y no sé por donde empezar. No tengo motivación ni siquiera de intentarlo. Más adelante será peor y voy a estar igual que ahora, lo sé, paralizada.

I am fucked up, maybe not as much as I think, but more than you would believe.

No soy una persona fácil de aguantar, no es fácil vivir conmigo. Y aunque lo sepa, ¿que puedo hacer? That's me, baby. Nothing to do about it.

Honestly, most times I don't wanna do a thing about it. Pretend that I take a stand to be who I am -as if it didn't shame me-, hoping people will believe it when I don't. A least then someone would.

Yeah, I'm fucked up. Poco, pero lo suficiente para volverme loca de vez en cuando. Aunque, por suerte, ya conozco la salida.

Enough of it, back to work.

martes 9 de junio de 2009

Antigüedad rescatada

Este intento de poema si que es viejo, del 2007, y de un tema ya totalmente superado. Ni~erías que me pasaban, enamoramientos ilusorios y platónicos a más no poder.

Me gustaría ver de nuevo a el chico a quién le escribí esto. Lo vi hace ni tanto, pero a pesar de todo me volvió lavergüenza jajajaja. Pero hablar con él sería agradable. Porque es una gran persona.

Pero tendré que esperar a volver a mi patria para eso.

...

Te odio un poco hoy
me dejaste sin inspiración
sin muso
sin amor platónico.
¿A quién escribiré ahora?
¿A quién recurriré cuando busque ideas inspiración, ánimo?



Soy injusta, lo sé;
pero estoy hablando con la pared
con tu foto
con tu recuerdo.


Me dejaste desorientada,
con el orgullo sangrando
a la deriva.
Tendría que empezar de nuevo.


Oh, cuanto me dolió pensar que nadie te querría como yo.
Una idea tonta, en verdad, porque yo quería una idea,
una imagen tuya.
Eras mi Dulcineo del Toboso.


Me dejaste vacía
ni siquiera estás aquí para obligarme a juntar los pedazos,
a armar otra ilusión,
otra historia.


Soy injusta y lo sé,
y no me importa,
no estás aquí para escuchar.
Soy injusta,
soy terca,
sin ciega,
soy desesperada.


Aunque aún no te has llevado toda la inspiración,
sigues en mi cabeza,
repitiendo las mismas frases de disculpa exasperada y enojo mal disimulado:
“No me importas” leyendo entre líneas.
“Tú tampoco” hubiera querido gritarte, pero la mentira habría sido demasiado obvia.


Ahora ya no importa,
no estás,
lo superé.
Pero sigue tu imagen,
tu idea,
tu YO que armé para ser feliz sigue en mi cabeza
susurrándome lo mismo
inspirándome aún.


Hoy te odio un poco.

martes 7 de abril de 2009

Abriendo caminos

El mensaje prefabricado que me envío a mí misma.

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Voy abriendo caminos para dejarte
Las cosas buenas que aprendo mientras camino mis calles

Me llevare
Las buenas luces que tiene la gente
Que me iluminan la vida y me regalan mi suerte
[Como un rio que camina hacia el mar]

Quiero ver la risa del sol por las mañanas
Que venga siempre a golpearnos la ventana
Yo quiero un sol, yo quiero un sol que me acompañe
Hablando siempre de frente, tirando todo lo malo

Voy abriendo caminos para encontrarte
En este mundo perdido tambien hay buenos amigos

Y me llevare
Las buenas luces que tiene la gente
Y cuando me sienta solo me cuidaran para siempre
[Como un rio que camina hacia el mar]

Quiero ver la risa del sol por las mañanas
Que venga siempre a golpearnos la ventana
Yo quiero un sol, yo quiero un sol que siempre me acompañe
Hablando siempre de frente, tirando todo lo malo
[Como un rio que camina hacia el mar]

Saca el dolor afuera, y no te quedes a esperar
[Como un rio que camina hacia el mar]

Ríe, llora
Que aun queda mucho por andar.

Y anunque en el mundo hay personas tan grises
Hay otras que no paran de brillar.

En esta vida que se me termina
No quiero ya dejarte de cantar
[Como un rio que camina hacia el mar]

Saca el dolor afuera
Y no te quedes a esperar
[Como un rio que camina hacia el mar]
Ríe, llora
Que aun queda mucho por andar

[Como un rio que camina hacia el mar]
Ojala que llueva cafe en el campo
[Como un rio que camina hacia el mar]
Saber que se puede, querer que se pueda, sacarlo todo pa' fuera.
[Como un rio que camina hacia el mar]
Cuando tu cantas conmigo Juan Luis, ay me sube la bilirrubina a mi
[Como un rio que camina hacia el mar]
Pero deja Diego que tus sueños sean olas que vienen y van
[Como un rio que camina hacia el mar]
Quisiera ser un pez y no perderme en este mar
[Como un rio que camina hacia el mar]
Y a pesar de los errores tratare de estar mejor
[Como un rio que camina hacia el mar]

("Abriendo caminos", Diego Torres & Juan Luis Guerra)
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Amigas, las hecho de menos. Ustede saben qué me recuerda esa canción, pero nunca le había tomado el peso como ahora. Ahora es nueva y querio creer cada palabra, quiero que sea mi mantra y mi himno y mi lema.

martes 10 de febrero de 2009

Electra

Llevo poco más de una semana en casa de mis papas alemanes. La convivencia es fácil: son mucho más relajados de lo que me esperaba. Es mucho menos lo que tengo que hacer que lo que creo que debería hacer.

Ambos me agradan. Sus hijas también: la mayor (la que "siempre sabe dónde ir"), con cara de niña, y la menor (la que "siempre está perdida"), punk y con el pelo teñido. Mi mamá, Ruth, maternal hasta por email, siempre preocupada por mí, por como me siento.

Ahora, nada de eso es nuevo; tengo una hermana y una mamá. El asunto es mi padre.


No conozco a mi padre biológico, nunca lo he visto (excepto por unas pocas fotos, y eso en el último tiempo), nunca he hablado con él. Ni con ninguno de mis familiares paternos. Él (digámosle Morzan, sin ánimo de violar los derechos de autor) no es nada para mí. Por lo que a mí respecta, no tengo padre, tengo un donante de esperma. Y eso nunca me ha molestado -bueno, sí un poco cuando era chica-, nunca ha sido un impedimento para nada (excepto en legalidades, pero ya soy mayor de edad). Nunca me ha hecho falta porque tengo una familia grande, y porque no puedes echar de menos lo que no tienes.

Mi hermana lo conoce, y dice que nadie de nuestra familia paterna vale la pena; que son todos mediocres, fijados, desagradables. Ahora, eso por alguna razón me resultó decepcionante. Sólo un poco, sólo porque pensé que quizás podrían ser agradables. Pero no.

Lo único que me intriga es qué pasó entre él y mi madre, porque nunca lo he sabido. De niña le pregunté a ella alguna vez, pero me respondió con las típicas respuestas para niños: "a veces las relaciones no funcionan y la gente se separa". Punto.

Hoy en día no me atrevo a preguntar, no quiero enturbiar las aguas ni quiero que mi madre se altere (le tengo miedo cuando se enoja). Tampoco estoy segura de que quiera saber. Mi bis-abuela habla mal de él, pero la conozco -ella habla mal de todo el mundo- y, por lo tanto, sé aproximadamente cuánto de lo que dice debería creerle. Mi hermana dice que todos dan distintas versiones (no supe más que eso). Mi madre no lo nombra a menos que tenga que hacerlo, y cuando lo hace un resentimiento feroz se le marca en la voz, aunque nunca la he escuchado insultarlo. Dice "tu padre" con odio empapado en cada sílaba (bueno, al menos una vez fue así) y nada más.

Así son las cosas con respecto a mi padre: para mí no existe, no lo necesito, no lo extraño. Ni siquiera es un vacío, porque como ya dije, you can´t miss what you don´t have.

Y todo está bien así.

Y todo estaba bien, debería decir.

Aunque estoy bastante segura que esta es una de esas cosas que se me pasan cuando las medito. De todas formas, es cosa de acostumbrarse, nada es maravilloso o terrible por siempre (algún día escribiré sobre eso último).



Ahora, en Alemania, tengo un padre: Marthin. Y lo admiro; lisa y llanamente. Es de esas personas que me encantan de inmediato, pero son difíciles de encontrar: silencioso aunque cálido; sonriente; correcto (esto inclinado a lo respetuoso, no a lo estricto); justo; paciente (acostumbrado a lidiar con mujeres, supongo xD); amable. Nada de quejas. Siempre intenta explicarme todo lo que puede, aunque entiende poco inglés y yo poco alemán. Siempre se ríe de las caras que pongo; o de alguna otra cosa, porque me mira y se ríe en silencio. Si no lo viera no me daría cuenta.

¿Cómo no querer a alguien así? Es casi un arrebato de algo entre cariño, respeto y admiración. Aunque es cierto, Ruth dice que hasta ella es más de piel que Marthin. Pero aun así... él es como yo en muchos sentidos, es esa parte de mí que me cuesta encotrar en otra gente. Discreto, eficiente, culto. Con una veta de malicia que asoma después de un tiempo, aunque aún no sabría como definir su sentido del humor.


Es usual que Ruth y Anna discutan tonterías, se digan cosas para molestar. Marthin y yo giramos la cabeza de una a otra como en un partido de tenis, cuando una habla; y cuando termina, a la oponente. No intervenimos -aunque, claro, yo entiendo poco. Igual no lo haría.

Puede que no sea de piel, puede que no sea capaz de abrazar a su hermana (!!), pero sigue pareciéndome admirable. Porque sé, intuyo, y Ruth me dice, que él es capaz de hacer todo por alguien que lo necesita.

Mi primer día de clases él fue conmigo al colegio (bueno, Gymnasium) Luego de presentarme al curso, el profesor de biología (me cae bien él) se volvió a Marthin y le preguntó: "y Ud. es el... padre anfitrión, ¿verdad?". Él asintió, sonriendo. Se veía satisfecho, casi orgulloso.

Este fin de semana estuvimos solos, Ruth tenía un viaje de negocios. El domingo fuimos con su hija menor, Anna, a conocer una ciudad cercana. Cuando volvíamos (en tren) vimos a un par de tipos que estaban fumando en el andén. A mí no me movió un pelo, acostumbrada como estoy a que en Chile se puede fumar casi en cualquier parte -y aunque no se pueda, igual lo hacen. Pero Marthin... él puso una cara de horror tan absoluto que me volví para asegurarme de que estábamos mirando lo mismo (era la cara de espanto mudo de quién ve algo que roza la muerte) y cuando me cercioré de que sí, me reí.

-En Alemania -me dijo en un murmullo discreto.- está prohibido fumar en las estaciones. No es correcto.

-Sí sé -repuse. ¿Cómo no saberlo?, si tienen letreros por todos lados.

-Hay áreas designadas para fumar -continuaba él sin hacerme mucho caso.

-Sí sé, las he visto.

-Y tiran las colillas ahí -agregó apuntando a los rieles. -, mira como está.

Asentí sin saber qué decir (en alemán).

Y de repente su actitud de censura quedó de lado, y volvió a hablar a volumen normal.

-¿En tu casa dejan fuman? -preguntó.

-Sí. Todos.

-¿Y tú?

-No. Nunca. -respondí con orgullo. -. Todos, todos fuman menos yo.

-¿Todavía no? -inquirió con una sonrisa maliciosa (y ya le conozco esa cara).

Lo miré ceñuda, aunque sonriendo.

-¡¿Todavía no?! -repetí ofendida. - Nunca, nunca. Nunca lo he hecho, nunca lo haré.

Sonrió.
(Hago notar que él me hablaba en alemán y yo casi siempre en inglés, por lo tanto no sé qué tanto me entendió ni qué tanto entendí yo).


Eso fue el domingo. Ayer lunes me acordaba de todo eso. Y divagando como ya lo había hecho, llegué a una dolorosa conclusión: Marthin es lo más cercano a un padre que he tenido.

Con él apenas nos escribimos antes del viaje, y me asustaba un poco. No sabía casi nada de él, ni tampoco de Anna. Ahora que los conozco, ambos me caen muy bien. No me he topado con nadie desagradable aún (aunque hay unas niñas de mi curso que me dan cosa, pero en realidad no las conozco)

Y ayer, cuándo pensé eso, que es lo más cercano a un padre que he tenido, me pareció lo más deprimente que existe. Y lo peor es que es la verdad. Y dolió.
Dolió porque no es mi padre, no es nada mío. Dolió por lo certero, hace apenas una semana que lo conozco y ya batió todo record. Es lo mejor que he tenido, porque nunca tuve nada. Duele porque es el padre perfecto (o eso me parece por ahora, no me arriesgo con absolutos), pero no soy su hija.


Como siempre, me lanzo de cabeza a los afectos. No me gusta juzgar por la primera impresión ni el aspecto, pero es cierto que nas pocas palabras bastan para indicarme si alguien me agrada o no. Y también es cierto que con algunos, bastan unas pocas palabras más y un par de días y ya siento que los quiero. Lo pienso porque me nace -sentimiento viceral y desgarrador- y lo creo de verdad. Pero tantas veces me ha pasado que pocos días después me desengaño o el sentir se enfría.

Me lanzo de cabeza a los afectos, sin paracaídas, y he tenido malos aterrizajes.



Pensar en Marthin como figura paterna hizo que, por primera vez en mi vida, sintiera el vacío de un padre, de un papá. Porque él no es mío; ¿dónde está el mío?

"No tienes derecho a hacerme sentir miserable, no ahora." le decía ayer mentalmente a la fotografía que tengo como única referencia de Morzan. Pero después de unos segundos me di cuenta de que no tiene nada que ver con él: Morzan sigue siendo exactamente lo mismo para mí -lo que significa: nada. ¿Por qué debería? Ni siquiera le tengo rencor. Me considero una persona razonable: él tiene su familia, sus hijos, tiene derecho (aunque si es cierto que, como dice mi bis-abuela, un día de la nada fue y dijo que se casaba con otra, es un hijo de puta. Lo cual no le quita el derecho, pero sí lo convierte en el tipo de persona con el que no quiero mezclarme). Es un ente que no me va ni me viene, sin peso. Tiene cara y dedos para escribir en Facebook, pero no tiene voz.


No, a quién le reclamaba ("no tienes derecho, no tienes derecho") es a mi papá. No a mi padre, a mi papá. Al cargo vacante que nunca se llenó, al título que nadie se ganó, a la figura sin rostro que no existe, pero debió.

Una vez escuché en "La ley y el orden: UVE" que muchas veces, las mujeres que no tuvieron figura paterna de jóvenes se enamoran de hombres mucho mayores. Y eso me hizo sentido: nunca me he enamorado, no, pero es cierto que algunas veces me han llamado poderosamente la atención hombres maduros. Los admiraba, siempre el mismo patrón de gente culta y sabia. No me atraen, no, para nada; lo que pasa es que -inconscientemente- quería que fueran mi padre.

Eso, y mi anhelo de sentirme protegida, (me veo fuerte, soy fuerte, porque quiero y tengo que serlo. Odiaría sentirme débil. Pero cuando me han defendido me conmuevo profundamente), mi forma incierta de relacionarme con los hombres (nunca sé bien qué hacer)... todo eso y más, ¿será por la ausencia de un papá? ¿O es que soy débil?

Puede ser, no lo sé. No quisiera concederle tanto crédito a algo que ni siquiera tiene nombre. Pero tampoco quiero pensar que soy débil.


El maldito devenir otra vez.

Y lo peor es que no es culpa de nadie; ni mía, ni de mi madre, ni de Morzan. No siento ni pienso que sea culpa de nadie, y eso no ayuda mucho.

Porque, al menos en esto, estoy cansada de ser justa y resignarme y decir "es así y no puedo hacer otra cosa...". No, quiero culpar a alguien, ser injusta, ser egoísta, hacer pataleta por esto. Pero mis principios no me dejan, y estar en casa ajena también me limita.

La filosofía (o al menos la razón) es una mordaza, lo dije y lo diré siempre. Me gusta; pero la misma razón, mis principios, me dicen que no puedo negarlo.


Enredo emocional y racional.

Tampoco hay mucho que se pueda hacer. Procuraré estabilizarme otra vez y escribir siempre ayuda. Así que no quiero posts de "cálmate, va a estar bien" porque ya lo sé. Quería sacármelo de la cabeza y punto. Yo sé tranquilizarme, aunque agradezco la buena intención.




Lafken.

domingo 28 de septiembre de 2008

Amigo imaginario

Otros intentos de poemas viejos (ambos del año pasado). Éstos los escribí pensando en un amigo a quién yo sentía querer mucho (demasiado, pero nunca como más que un amigo) y sabiendo que él no me quería tanto. Nunca se los mostré.
Este año no hemos hablado mucho, se fue a estudiar a la capital.

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Eres mi amigo imaginario.

Eres un recuerdo sonriente en un rincón.
Eres un amigo incierto,
eres un consuelo en la oscuridad.
Pero sigues siendo imaginario.

Estás constantemente aquí, y no estás nunca.
No eres parte de mi vida
y aún así eres mi amigo.

Eres mi Pinocho,

y quisiera que fueras un niño de verdad.
Y quisiera equivocarme al saber
que si no te hablara, te saludara,
te preguntara
(¡Hola!, ¿como estás?, ¿qué haces?),
pasarías a mi lado sin más.

Quisiera equivocarme

-más que nunca antes-
y enterarme de que eres real
y de que yo soy real para ti.

Porque igual te quiero.

Porque no sé quien eres,
no conozco las pequeñas cosas que te hacen alguien.

Porque no parece que vayamos a ninguna parte,
porque no te conozco,
porque te quiero,
y porque eres imaginario.

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07/Marzo/2007


Estoy triste.
No puedo seguir tu ritmo,
no puedo hacer que me entiendas,
no puedo hablar, hablar de verdad.
Lo evitas o yo lo evito.


Me siento torpe,
mi lengua entumida,
imprecisa,
obsesiva,
atemorizante, mentirosa.


Supongo que estamos destinados a esto
a negarnos cualquier comunicación verdadera,
ambos, mutuamente.

¿Qué hacer?
¿Qué decir?
¿En qué momento?

Jamás nos alcanzaremos,
jamás seguiremos el mismo paso.


Quiero saber quién eres.


Si fueras parte de mi mundo,
si me conocieras sabrías
que no soy como soy contigo;
que nada hay que me guste más
que hablar, hablar de verdad.


Quiero que sepas quién soy.


No, no me entenderás nunca.
Yo en cambio, te entiendo muy bien:
te asustaría saber lo que pienso,
pensarías que hablo de otra cosa, de otro cariño.
¿Quién no?
Pero no, no es nada más que
el cariño para un amigo
de alguien que ama en exceso.

Te asustaría, lo sé,
aunque dijeras que no.


Amigo mío.


Nada más.
Nunca lo diré.
Quizás debería, pero sé que una vez más mi orgullo me frenará,
no me entenderías,
me alejarías.


Pero aunque no lo hagas,
aunque no me entiendas, me alejes, me temas,
cuentas con mi cariño, ahora y siempre.
Aunque seas imaginario,
aunque sólo seas mi amigo en un papel.


No me importa eso,
me importa el saber, intuir,
el buen corazón que tienes,
lo dulce que eres.

Mi amigo imaginario…

Lafken


martes 23 de septiembre de 2008

Soledad

Lo escribí en febrero de 2007, mientras me quedaba en la casa de un primo en Viña del Mar.

Dedicado a un amigo (Gabriel).


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Gabriel camina despacio por la arena. Siente como sus pies se hunden en ella, como el agua los golpea, los enfría, tira de ellos.

Es una noche más, nada especial. Camina y mira a los turistas corriendo en torrente, mirándolo, hablando en idiomas desconocidos. Cerca de él, en la calle, un hombre vende películas pirateadas. Entre las sombras unas figuras misteriosas observan. Una noche más, nada especial.

Gabriel siente un escalofrío, no debería haber ido. Pero es que ella dijo que estaría ahí, que se juntaran a las 10. Ya va hora y media de eso y ya es de noche, pero él sigue ahí. Piensa en ella, me llamo Paola, dijo, pero dime Baphomet; esa mina media gótica que conoció la noche anoche, que se le acercó y le ofreció un caño en la fiesta esa a la que ninguno de los dos estaba invitado. Rica ella, con la cara maquillada muy pálida, los ojos bien delineados, con ese corsé estrambótico y esa falda larga hasta el suelo.

Y después de fumar empezaron a hablar, y él como que se quedó pegado en su boca, en su nariz pequeña. Y de repente le estaba hablando de la Francisca, del año pasado. Le decía todas esas cosas que no le había contado a nadie y que ni él mismo sabía. Y todo lento, muy lento, y los dos bailando una música rara (Baphomet dijo ubicar al grupo, uno brigido según ella), dando vueltas en la más pacífica, él oliendo su pelo, abrazándola. Esa no había sido una noche más.

Y esa mañana, se despertó solo y vio la nota escrita con lápiz delineador que decía: “Juntémonos hoy a las 10 en la playa”. ¿En cuál playa?, pensó Gabriel, y la llamó. Y Baphomet respondió como a la cuarta llamada y le dijo que fuera donde está ahora.

Gabriel sigue paseando, sintiendo la arena bajo sus pies, medio volado, a punto de llorar. Ella no va a llegar. Lo sabe, lo supo desde el principio, pero igual fue por si caso. ¿Y por qué ella debería haber ido? ¿Qué tiene él de especial? Fue un juego, él le tenía ganas y ella también. Nada más.

La gente lo mira, pero él no les hace caso. ¿Qué importan ellos, los comunes, los “normales”, los corderos? Importa ella, Baphomet y su olor a hierba y a alcohol, a desesperación y valium.

Duele. Es como si le retorcieran un cuchillo por dentro. Podría haber sido ella o cualquiera y dolería igual.

No, él no es nada especial.

Duele, duele como esa vez que tomó la Gilette de su viejo y la acercó titubeando a su muñeca, quizá dolía, pero no; la apoyó contra su piel y de pronto veía la sangre, oscura, densa, cayendo en el lavamanos. Y Gabriel, fascinado, la miraba caer, ensuciar. Los cortes paralelos no eran muy profundos. Entonces los hizo más profundos y largos. Eso sí que dolió, pero no tanto como al día siguiente. Tuvo que ocupar una muñequera por varias semanas después de aquello.

Duele, más que entonces, más que nunca antes. Mira a la gente. “Imbéciles” piensa “No entienden nada, no aceptan nada, nada les importa”.

Imbéciles.

Y de pronto se echa a reír. Levanta la cara al cielo negro y vacío se ríe a carcajadas, como un loco; se ríe para no llorar, para no gritar de dolor, como reía cuando era chico y se caía de la bicicleta y se raspaba las rodillas.

Pero ahora no es nada físico lo que lo mortifica. Si fuera así, podría curarlo, vendarlo y sería todo.

Nada que hacer. Es una noche más, nada especial.

Quisiera golpearse, cortarse, causarse algún sufrimiento físico que mitigara el otro, el que lo persigue. La teoría del dolor desplazado.

Ella no va a venir y lo sabe. Quizá debería tirarse al agua y dejar que las olas lo llevaran lejos. Así sería mejor, más fácil: entumirse y desaparecer.

Siente como se retuerce, como se pasea por su interior como un león enjaulado. ¿Qué hacer para que desaparezca? Tiene dos pitos en la billetera, pero le da asco pensar en eso. No, quiere algo definitivo, que mate el dolor de una vez.

Mira el mar, los autos que pasan rápido. Piensa en la Gilette y la sangre, en las pastillas de su vieja.

Sería tan fácil.

Es sólo una noche más, nada especial.

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Idril.

martes 9 de septiembre de 2008

Ojos Azules

Escribí esto hoy en clases; es mi forma de renunciar a mi conejo blanco -platónico, como siempre-, un chico de ojos azules. Es mi parche-antes-de-la-herida, para no encapricharme de otra ilusión o no caer en un error.
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Ojos azules, no llores,
no llores ni te enamores.
Llorarás cuando me vaya,
cuando remedio no haya.
(Canción popular)

Supuso que debió suponerlo, y de verdad lo hizo, pero no hizo caso a su propia intuición. Más que cualquier problema práctico (ubicación geográfica, tiempo, viajes, comidas, obligaciones) el problema eran ellos y lo supo siempre, lo previó tan claro como que se equivocarían de todas formas. Hay errores inevitables, karmáticos, que al final del día duelen en carne viva, pero que mañana darán un sentido al presente. Esto último era probablemente un consuelo de mortal, de ser terreno y defectuoso, pero su propia pequeñez -en medio de la Globalización, el Calentamiento Global y el Big-Bang (todos con mayúsculas)- la aterraba. Y no hay mejor mordaza que la filosofía.
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Alicia era una criatura sensible, soñadora e idealista que creía conocer de la vida viviendo a través de otros. Su alma vieja se negaba a abandonar del todo la niñez, viviendo eternamente en contradicciones y ambivalencias, errando entre fantasías y realidades para esquivar la monotonía.
Su Talón de Aquiles era, claro, el amor; el amor de telenovela, publicitado y trillado, el amor de los poetas y los trovadores, platónicos todos porque siempre escogía a quién no sabía de su existencia.
René no se hizo anunciar, no entró en su mundo con fanfarrias y tambores, de hecho Alicia apenas si lo notó al comienzo, ocupada siguiendo a otro conejo blanco. Meses después, sin embargo, se convirtió en una revelación y el sentimiento fue mutuo, vio emocionada la admiración en sus ojos azules, supo que lo había impresionado.
Alicia supo también que sería un error, y aun así… Aun así se encontró enredándose en corcoveos de enamoramiento, en constantes tira-y-afloja, en emociones cambiantes. Sabía en el fondo que no tenía sentido, que se estaban condenando a herirse mutuamente; pero no podía detenerse. Quería cometer el error.
Perdía lo que era, actuaba tontamente, odiándose por ello, envolviéndose y envolviéndolo. La atracción mutua era evidente e incierta, no sabía a qué atenerse a pesar de andar con pies de plomo.

Alicia no supo que se avecinaba el final más que René, simplemente sintió un quiebre, el primero de muchos que vendrían, y decidió que era hora de terminar con aquella tontería. Se sentó bajo un árbol, con los pies mojados y sin aire en los pulmones. Había llegado el final previsto y no tenía sentido alargarlo, sufrir y acumular recuerdos ingratos. Si algo odiaba, era la decadencia.
¿Cómo explicarlo, cómo explicárselo a él? Era algo tan subjetivo o tan etéreo o tan profundo –o una mezcla- que no sabía si encontraría las palabras para explicarlo. Ella simplemente lo sabía, siempre lo había sabido, en un nivel profundo, sencilla y claramente sin darle un nombre ni colores y no le parecía extraño. Pero a él no le bastaría, no, no había poesías ni metáforas en su mundo, no había más que hechos y números. ¿Cómo decírselo? Debía escoger las palabras con cuidado para evitar otro de sus frecuentes malentendidos. Ellos tenían su propio “Diccionario de Palabras Incomprendidas” y eso sólo dificultaba todo. ¿Cómo decirlo? De mujer a hombre, de lechuza a venado, de subjetivo a objetivo, de idealismo a pragmatismo, de cronopio a fama. No le gustaba llamarlo fama ni a ella misma cronopio; eran más bien la Maga y Horacio Oliveira, o el Mago y Horacia, porque era ella la que pensaba demasiado y vivía poco y él… y él…
Él nunca entendería nada de esas cosas, ese abismo entre ambos que sólo ella sentía. Horrible saber que había cosas que él jamás sospecharía ni lograría concebir.
“Eres tú. Soy yo. No estamos destinados a durar. Somos demasiado distintos, no sé si lo sabes. Desprecias mi sentimentalismo, no entiendes que vivo desde el corazón y no desde la cabeza; tu indecisión me desespera, tu renuencia a tomar una acción decisiva. Es lo que somos, lo que hacemos, lo que pensamos. Son los libros que leemos y las películas que vemos. Es quienes somos cuando estamos solos, no cuando estamos juntos. No me entiendes, René, y me frustro y me ofendo. No me escuchas y yo pongo demasiada atención. No concibes mis arrebatos, mis intuiciones, mis parcialidades. Es mi orgullo y mi convencimiento de que eres alguien que no eres.
El amor no cambia a las personas, no me digas que cambiarás. Eres quién eres y ni tú puedes cambiarlo. Si seguimos esto sólo vas a aburrirte, a exasperarte o a dejar de escucharme. Yo también. No calzamos, René, es tan simple como eso. Hay pequeñas cosas, detalles, que son montañas. Tú nunca vas a entender quién soy, yo nunca voy a entender lo que haces, nunca me preocuparé por lo que tú te preocupas. Te amo, pero no soy lo que necesitas y tú no eres lo que necesito, ¿entiendes verdad?”
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René bajó la cabeza, ocultando que lloraba. Ella alargó los brazos sin poder evitarlo, pero él se escurrió de inmediato.
Alicia, serena y triste repitió:
-Lo siento, ya no te amo.

Lafken.

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"Alicia" por Alicia en el País de las Maravillas.
"René" por René Descartes.
Alusiones a varios libros.

Subterranean Homesick... Alien

I'd tell all my friends,
But they'd never believe,
They'd think that I'd finally lost it completely.
I'd show them the stars
And the meaning of life...

They'd shut me away.
But I'd be all right.
All right..

I'm just uptight.

(Radiohead)